Adicto a la comida?

Algunas personas creen que los alimentos ricos en grasas o azúcar pueden ser adictivos, lo que hace que las personas los consuman en exceso, favoreciendo así la obesidad. ¿Debe darse a estos alimentos el mismo trato que al alcohol o al tabaco? ¿O estamos confundiendo los términos “adicción”, “ansia por la comida” y “trastornos relacionados con la alimentación”?


Estamos en el planeta gracias a las grasas. Eran el carburante más adecuado para la supervivencia de los cavernícolas, cuyo gasto calórico era ingente comparado con el nuestro. El problema es que hoy en día nos pasamos la mayor parte del tiempo sentados en nuestros despachos (o tirados en el sofá de casa), por lo que quemamos muchas menos calorías que nuestros antepasados, aunque seguimos compartiendo con ellos el placer que le provocan a nuestro cerebro los alimentos ricos en grasas y de alto contenido en azúcar. ¿Lo pillas? Los alimentos que deseas no son realmente los que tu organismo necesita.

Consigue que las calorías que ingieres duren más. Ten en cuenta que ya no necesitas hincharte de combustible para ir a cazar un mastodonte; elige pues alimentos que contengan nutrientes y que te ayuden a mantener la energía. Lo ideal sería que tomaras unos 20 o 40 gramos de proteínas en cada toma, y entre 25 y 35 gramos de fibra a lo largo del día. Estos nutrientes satisfacen el apetito, a la vez que contribuyen a que merme la necesidad de comer en exceso. Por si fuera poco, te ayudarán a olvidarte de los antojos, consiguiendo que consumas menos calorías en tu siguiente toma. Incluso si vas a un restaurante con un bufé libre de pizza.


Diversos estudios clínicos han constatado que existen paralelismos entre los cerebros de las personas adictas a la comida y los de las personas enganchadas a las drogas. La mecánica, básicamente, es la misma: al recibir un determinado estímulo, el cerebro segrega dopamina, que es el neurotransmisor encargado de transmitir placer. Y es ahí cuando te enganchas. El problema es que, al igual que los drogadictos, las personas adictas a la comida reinciden cuando intenten reprimir sus hábitos.

“Nuestra mente lleva fatal eso de las prohibiciones” comenta Raquel Linares, psicóloga clínica especializada en trastornos alimentarios del centro ABB de Trastornos de la Conducta Alimentaria de Barcelona. “Lo prohibido nos resulta muy atractivo y conseguirlo genera una fuerte sensación de placer. Al final, terminamos cayendo en la tentación, y lo hacemos de un modo exagerado. Compensamos el capricho con creces, y eso crea un sentimiento de culpa, por lo que se vuelve a la prohibición y el círculo vicioso sigue rodando”.


Los últimos descubrimientos muestran que las mentes de las personas que comen en exceso se asemejan a las de los toxicómanos.Lo prueban las neuroimágenes de la izquierda, realizadas por Gene-Jack Wang, director del Laboratorio Nacional de Brookhaven (EE.UU.). Cuando su equipo tomó imágenes de los cerebros de personas que comían en exceso y de adictos a la metanfetamina, se descubrió que ambos grupos tenían menos receptores libres de dopamina que los participantes sanos (se muestran en rojo).

¿Cuál es el problema? Que al igual que los adictos a la metanfetamina van necesitando mayor cantidad de droga, quienes comen de forma compulsiva necesitan ingerir cada vez más comida. Un círculo vicioso que puede llegar a reforzar el comportamiento adictivo.
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